La Europa del siglo XVIII se caracteriza por elementos de gusto común y dominante: es el siglo del lujo y las Luces. Los descubrimientos geográficos, las nuevas inmensas riquezas, también de conocimientos, influencian tanto el gusto (por ejemplo por las chinoiseries) como el modo de ver la realidad. El desarrollo de las artes, de la filosofía, de las ciencias también sociales es un aspecto común de las cortes europeas y por supuesto de la de los Borbón.
Con espíritu puramente ilustrado se empiezan campañas de conocimiento científico del territorio, con operaciones de levantamiento cartográfico nunca hechas antes. Al mismo tiempo el Rey, Fernando IV, quiso que se realizara un diferente tipo de mapeo de tipo estético, llamando como pintor de corte al paisajista prusiano Jacob Philipp Hackert, al que pidió una representación pictórica precisa de los puertos del Reino. Sus extraordinarias telas adornaron los Palacios reales y las Casas de campo Reales

y también tuvierouna función política y propagandística durante las visitas de los embajadores y viajeros extranjeros.
Igual función de propaganda y satisfacción estética tienen los primeros descubrimientos y las primeras excavaciones arqueológicas, que la reina María Amalia quiso fuertemente. Los restos y las noticias de estos descubrimientos han tenido un peso tan grande en el panorama cultural europeo, que influenciaron totalmente su gusto y dieron el paso al estilo neoclásico de la segunda mitad del siglo. Esta moda no siguió siempre canales oficiales: aunque las leyes de Fernando prohibían la exportación de material antiguo, parece que el embajador inglés Lord Hamilton, gran amigo del rey, durante las cazas reales en la Faisanería de Calvi o en Capua, no se llevaba sólo caza, sino también restos adecuados para constituir el primer núcleo de arte clásico en el British Museum de Londres. También se efectuaron excavaciones y búsquedas en Terra di Lavoro, por ejemplo en Capua, hoy conocida con el nombre de S.Maria Capua Vetere;y que los romanos llamaron la Altera Roma porque segunda sólo a la urbe por número de habitantes; allí es posible contemplar el magnífico Anfiteatro, el Arco Adriano y el Mitreo (uno de los templos en mejor estado de conservación entre los destinados al culto de la divinidad persa Mitra) además de los preciosos restos custodiados en el Museo Arqueológico, que surge allí dónde en época borbónica había un barrio militar de caballería, y en el nuevo Museo dei Gladiatori.
Estos descubrimientos influyeron también en las artes y la arquitectura, que abandona los esquemas barrocos, para imitar el rigor clásico, del que sigue las formas y el gusto. Uno de los primeros edificios en que este cambio es visible es el Palacio real de Caserta.
Sin embargo, el interés por lo antiguo es también científico: para realizar el acueducto del Parque y el Palacio real, el arquitecto Luigi Vanvitelli realizó los puentes en el Valle di Maddaloni, uno de los más imponentes de Europa realizado sobre arcadas con técnica tradicional en edad moderna, inspirado en los antiguos acueductos romanos. Hoy patrimonio del Unesco, esta obra forma parte de una cañería larga casi cuarenta kilómetros que tiene su origen en los manantiales del Fizzo, en Airola, cerca de Benevento, donde se puede contemplar la espléndida Iglesia dell'Annunziata cuya fachada es vanvitelliana.
A los Borbón no se les pasaba el estado de grave deterioro económico del Reino y su población. Por este motivo promovieron una serie de medidas "iluminadas" para avivar la economía, el espíritu profesional y empresarial y el empleo. Entre las primeras medidas que Carlos tomó, recordamos una política de construcción sobre todo con miras a la realización de moradas de públicas relaciones y también la mejoría infraestructural y urbanística, operaciones que exigieron rápidamente una gran cantidad de mano de obra especializada.
Conscientes de la necesidad de formar las maestranzas - pero también de crear una clase de artesanos hábiles que supieran satisfacer la demanda de objetos de lujo del monarca - los Borbón fundaron escuelas y manufacturas punteras, como tapicerías, laboratorios de ebanistería, cerámica y para la elaboración de las piedras duras. Un experimento, típicamente ilustrado, de fundación de una sociedad más justa y capaz de autofinanciarse con el propio trabajo, es el de San Leucio A partir de 1776 Fernando IV realiza en las inmediatas vecindades del Palacio real, en el así llamado Belvedere, una sedería capaz de satisfacer la demanda de tejidos preciosos de toda la corte. A los trabajadores de esta comunidad el Rey "dona" un avanzado conjunto de leyes, fruto de las teorías ilustradas, precisamente en 1789, cuando la Revolución trata de liberar a Francia de los privilegios de la nobleza. Los habitantes de S. Leucio, gracias a este Código, tuvieron iguales derechos, como por ejemplo un sueldo ecuánime, el derecho a la baja por enfermedad, la jubilación, la dote para sus hijas y la casa. Nació aquí en 1786 una ciudad ideal, Ferdinandopoli, con las primeras casas obreras de Italia: dos barrios realizados, San Carlo y San Ferdinando, con viviendas seriales. San Leucio también tiene otra primacía: la primera construcción neogótica de Italia, la Iglesia de S. Maria delle Grazie, en la localidad Vaccheria, realizada por F. Collecini y acabada por G. Patturelli entre 1801 y 1805.
Si por un lado San Leucio tenía que representar un nuevo modelo de desarrollo industrial, para demostrar su adhesión a la vieja política agrícola, Ferdinando realizó una granja modelo en Carditello, que hoy se halla en el ayuntamiento de San Tammaro. El entero complejo nace de un atento análisis de las exigencias prácticas de una empresa agrícola, dónde, en estrecho contacto con las actividades productivas, también era prevista una residencia del rey con función de casa de caza, como en el caso de San Leucio.
Para mejorar las condiciones de vida y agrícolas en Terra di Lavoro, los Borbón realizaron en las zonas entre Castel Volturno y Marcianise el saneamiento del río Clanio, que hacía estas tierras malsanas y palustres, regimentándolo definitivamente hasta lograr los que todavía se llaman Regi Lagni. La importante obra de saneamiento efectuada por los Borbón en el territorio de Castel Volturno, junto con las siguientes intervenciones, además de preservar la espléndida costa ha permitido la creación, en las zonas interiores, de la Oasi dei Varriconi que, en un paisaje mediterráneo, todavía aloja a más de cien especies de aves.
Más tarde, gracias a las grandes innovaciones introducidas con la revolución industrial los Borbón realizan importantes obras útiles para la modernización del Reino. A las primeras líneas ferroviarias italianas se suman los primeros puentes de hierro de Italia, el Puente Ferdinando sobre el Garigliano en 1832, en el Ayuntamiento de Sessa Aurunca y el Puente Maria Cristina en Solopaca en 1835, ambos por mano de Luigi Giura, pocos años después de los primeros puentes de hierro ingleses y franceses.
Las numerosas civilizaciones y dinastías que se han alternado en la historia de Sessa Aurunca han dejado preciosos testimonios: de edad romana los restos de un Teatro, los del enorme conjunto del Criptoportico y el Puente degli Aurunci; de época medieval la Puerta Cappuccini y la muralla que envuelve la parte superior del burgo.
Excelente expresión de la arquitectura románica en la Italia Meridional es en fin la Catedral de S. Pietro consagrada en 1113. Otros importantes testimonios de construcción sagrada en Sessa son la Iglesia de S. Stefano, la de S. Germano, l'Annunziata, la Iglesia de S. Anna, el Convento y la Iglesia dei Frati minori y el Convento de S. Agostino, (reestructurado durante el período borbónico por Luigi Vanvitelli).

 
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